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La presencia de microplásticos —fragmentos de plástico menores de 5 milímetros— y nanoplásticos —menos de 1 milímetro— en alimentos, se han convertido en un tema cada vez más preocupante. Estos diminutos fragmentos pueden encontrarse en el agua, los mariscos y pescador, la sal de mesa e incluso en productos procesados, y provienen la degradación de plásticos más grandes. Aunque a simple vista son casi imperceptibles, su presencia está cada vez más documentada por estudios científicos.
 
Los microplásticos y nanoplásticos, presentes en agua, mariscos, sal y otros productos, plantean nuevas incógnitas para la salud pública. 
 
La investigación sobre sus efectos en la salud humana todavía está en desarrollo, pero ya se sabe que los microplásticos podrían generar inflamación intestinal, alterar la microbiota o actuar como vehículos de sustancias químicas tóxicas. Por ello, el sector de la alimentación debe prestar atención a esta problemática, conscientes de que la prevención es clave.

¿Cómo debe responder la industria alimentaria?

La aplicación de medidas concretas como la revisión de los procesos de producción, la evaluación de los materiales de envasado y la implementación de protocolos de análisis y control que permiten detectar su presencia en los alimentos es ya una realidad. Además, el fundamental que el sector alimentario se mantenga al tanto sobre la normativa vigente. La Unión Europea ha comenzado a restringir el uso de microplásticos intencionados, y promueve disminuir su liberación al medio ambiente en un 30% para 2030.
 
La Unión Europea avanza en regulaciones, mientras la industria alimentaria debe prepararse para gestionar riesgos y asegurar transparencia.
 
Desde Elkolab, como consultores en seguridad y calidad alimentaria, creemos que el desafío de los microplásticos requiere un enfoque preventivo y multidisciplinar. Productores, empresas, consultorías y consumidores tienen un papel importante para garantizar que los alimentos que llegan a la mesa sean seguros y de alta calidad. La vigilancia constante, la adopción de buenas prácticas y la innovación en procesos y envases son las claves para abordar este reto ‘invisible’ de manera efectiva.

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