Septiembre marca el regreso a las aulas, pero también la recuperación de rutinas relacionadas con la alimentación: comedores escolares, almuerzos, comidas preparadas en casa y, con ellos, nuevos retos de calidad y seguridad alimentaria.
En un entorno escolar, garantizar que los alimentos se mantienen en condiciones adecuadas desde su preparación hasta su consumo es una cuestión de prevención.
Comedor escolar: controlar el riesgo más allá del menú
La seguridad alimentaria en los comedores escolares no depende únicamente de la calidad de las materias primas. La correcta recepción, almacenamiento, preparación, conservación y servicio de los alimentos son clave para prevenir riesgos microbiológicos y contaminación cruzada.
El control de temperaturas, la higiene de instalaciones y manipuladores, la correcta separación entre alimentos crudos y cocinados forman parte de las buenas prácticas que deben integrarse en los sistemas de autocontrol.
También es fundamental gestionar correctamente las alergias, intolerancias y restricciones alimentarias, adaptando los menús y extremando las medidas para evitar la contaminación cruzada durante la preparación y el servicio. La correcta identificación de los alérgenos y la formación son claves para garantizar una alimentación segura.
La trazabilidad y los registros permiten verificar que los procedimientos establecidos se cumplen y facilitan actuar con rapidez ante cualquier incidencia.
Cuando la comida sale de casa: tupper y termo
Los alimentos preparados en casa también requieren una correcta manipulación. En los platos que necesitan refrigeración, ésta debe mantenerse durante el transporte, utilizando recipientes adecuados y, cuando sea necesario, bolsas isotérmicas con acumuladores de frío.
En el caso de los alimentos calientes, los termos deben estar diseñados para uso alimentario y ser capaces de mantener las condiciones adecuadas hasta su consumo. La limpieza y desinfección de recipientes y utensilios es igualmente importante. Conviene asegurarse de limpiar bien todas las juntas y de secar los recipientes correctamente para evitar el desarrollo de moho y bacterias.
Prevención también en el almuerzo
Un bocadillo, un lácteo o una pieza de fruta pueden parecer cuestiones menores, pero las condiciones de conservación y manipulación también importan. Especialmente cuando existen alergias o intolerancias, donde la prevención de contaminaciones cruzadas resulta esencial.
¿Estamos prestando a estas rutinas la atención que merecen?
